Me encontré sola ante el espejo de mis años.
Una vez frente a frente
nos hicimos un guiño.
Juramos y pactamos
hablar sin tapujos.
Primero habló mi cuerpo
y este así dijo:
-Yo no soy ni alta ni baja,
ni flaca ni gorda,
ni fea ni guapa, pero dí la talla en trabajar,
hacer amistades e incluso romper corazones...-
Acto seguido hablaba mi alma y así decía:
¡Cuanta flaqueza de cabeza!
Cuestionar talla,
belleza, gordura...
Cuando en los años hay más valía
y
no esta tropelía;
La nobleza, la amistad, el amor universal, la risa
y la mano prieta para ayudar a quien la necesite...
Mi cuerpo quedó como triste...
En ese momento se sintió desnudo
y la vergüenza lo dejó mudo...
Cuando sola y asustada miré al espejo,
este se empañó...
y mi alma se esfumó triste y desolada
de ver que a muchas personas
los años no les enseña nada.