En mis noches de satén
aplaudí al silencio dormido
en las gongorinas
entrelazando metáforas,
lamentos, risas, furor… y esperas.
Mi garganta seca de llanto
bebe de la vieja gárgola
dejando en mi boca sabor a robín.
Una vez más, el sápido amargo
me encamina al recuerdo de animadversión
cerrándose en mi cual verja de acero…
Diversos rumbos,
alejan aves migratorias
depositando esperanzas
en el espacio de los que nunca se encuentran.




















